La lágrima en el ataúd

octubre 2, 2026

En el sombrío ambiente de una capilla funeral iluminada por la luz suave de los ventanales y el cálido resplandor de una chimenea encendida, se respira un aire de profunda melancolía y duelo. Los asistentes, vestidos estrictamente de negro, observan desde las sillas con una pena silenciosa. En el centro de la sala, junto a grandes arreglos de rosas blancas, descansa un ataúd de madera donde yace una joven vestida de blanco sosteniendo una pequeña cruz metálica entre sus manos sobre el pecho

Un joven con un traje formal negro y el rostro afligido por las lágrimas se acerca despacio hacia el ataúd para despedirse.

—Solo vine a darte el último adiós… —murmura con el corazón destrozado.

Con inmensa ternura, el hombre se inclina amorosamente sobre el cuerpo inerte, sostiene la frente de la joven y le da un suave beso de despedida. Sin embargo, justo al separarse, nota algo impactante: una clara y brillante lágrima comienza a rodar lentamente por la mejilla de la mujer dentro del ataúd.

El hombre se aparta bruscamente, petrificado por la sorpresa.

—¡Un momento! ¡Alguien llame a un médico ahora mismo! —grita desesperado mirando hacia los presentes.

Los asistentes lo observan con desconcierto mientras una mujer mayor de negro con un velo de encaje se lleva la mano al pecho conmocionada.

—¡Les juro que vi una lágrima rodar por su cara! ¡Ella todavía está viva, no estoy loco! —suplica el joven alzando la voz entre el llanto y la desesperación.

La sala funeral queda en un silencio sepulcral ante el grito desesperado del joven. La anciana del velo cae de rodillas ante lo que parece desafiar las leyes de la ciencia y de la vida.

—Dios mío… ¡no puede ser verdad! —exclama la mujer mayor entre pavor y fe.

Las miradas de todos los presentes se posan fijamente en las manos cruzadas de la joven sobre el ataúd, donde la cruz metálica parece reflejar el misterio indecible entre la vida, el amor y la muerte.