El misterio del piso 12

octubre 2, 2026

En el interior de un ascensor metálico de luz fría y tenue, un hombre joven de cabello oscuro y suéter gris sostiene un bolso de viaje mientras viaja a su destino. Junto a él se encuentra una mujer mayor de edad avanzada, abrigada en un abrigo negro de cuello alto y con una expresión de aterrorizada urgencia en el rostro. Con manos temblorosas, la anciana sostiene fuertemente la ropa del hombre, implorándole que se detenga.

El ambiente dentro del ascensor se vuelve asfixiante mientras la mujer intenta evitar lo inevitable.

—Te lo suplico, no vayas al piso 12… —le suplica la anciana con la voz temblorosa de angustia.

El joven, mostrando desdén ante la advertencia, niega con la cabeza.

—Demasiado tarde, ya marqué el botón —responde él despreocupadamente.

La mujer mayor lo mira fijamente con tono de advertencia solemne y urgente.

—Si la puerta se abre, no mires a quien está del otro lado —le advierte firmemente.

—¿De qué hablas? ¿Quién está ahí? —pregunta el hombre confundido.

—Tu propio reflejo… —sentencia la anciana.

En ese preciso momento, las luces de la cabina parpadean violentamente y el ascensor se sumerge en una profunda e instantánea oscuridad. Al encenderse las luces de nuevo, el hombre se descubre completamente solo dentro de la cabina; la mujer ha desaparecido sin dejar rastro.

Con el corazón latiéndole a mil por hora, el joven busca en vano a la mujer a su alrededor. Un timbre metálico anuncia la llegada: las puertas del ascensor se abren lentamente en el piso 12, revelando un pasillo sombrío y oscuro con una única puerta abierta al fondo de la cual emana una luz cálida.

Desde la penumbra de la habitación iluminada, rompe el silencio una voz escalofriante que resulta ser exactamente idéntica a la suya.

—Te estaba esperando… —pronuncia la voz fuera del ascensor.

Con los ojos desorbitados por el terror psicológico absoluto, el hombre queda paralizado mientras las puertas comienzan a cerrarse de nuevo frente al enigma de su propia presencia.