En la quietud fúnebre de una carretera rural de México sumida en una niebla densa, un sedán gris oscuro frena bruscamente con un chirrido violento de neumáticos sobre el asfalto agrietado. El vehículo queda detenido en seco mientras la niebla flota frente a la luz de los faros. En el interior, la respiración acelerada de dos mujeres llena la cabina, con la luz del tablero proyectando sombras marcadas sobre sus rostros.
Paloma, sujetando el volante con fuerza desde el asiento del copiloto y con los ojos desorbitados por el pánico, rompe el silencio.
—¡Frena, Daniela, frena! ¡Hay alguien en el camino! —grita Paloma con la voz quebrada.
Daniela, al volante, traga aire con dificultad mientras observa la carretera vacía iluminada por los faros en ralentí.
—No hay nadie, Paloma. Mira bien —responde Daniela intentando mantener la compostura.
Paloma suelta lentamente el volante con las manos temblorosas. Sus ojos se llenan de lágrimas mientras contempla la nada a través del parabrisas.
—Es la misma mujer que dejamos tirada hace un año —susurra Paloma en un hilo de voz aterrorizado.
El ambiente dentro del auto se vuelve opresivo y frío. Daniela traga saliva y levanta despacio la mirada hacia el espejo retrovisor interior. Sus ojos se congelan al fijarse en el reflejo.
—Paloma, no voltees. Ya está sentada atrás —murmura Daniela en voz muy baja.
aloma permanece paralizada en su asiento, sin atreverse a mover la cabeza. En ese instante, los faros lejanos de otro vehículo iluminan por un segundo el interior del auto, permitiendo ver el reflejo del espejo retrovisor: en el centro del asiento trasero descansa una mujer pálida, con el vestido blanco manchado de lodo y el cabello negro empapado cubriéndole la cara.
A través del reflejo del espejo, el cabello de la figura se aparta sutilmente, dejando al descubierto unos ojos oscuros que fijan su mirada directamente en el retrovisor antes de trazar una leve sonrisa. La escena se interrumpe de golpe con un corte a negro, confirmando que la víctima del pasado ha regresado para reclamar saldar la cuenta pendiente en la misma carretera.
