La elegante cocina de la residencia lucía impecable. Sobre las cubiertas e isla de mármol blanco, junto a los muebles de madera color crema y los electrodomésticos de acero inoxidable, descansaba una lata de fórmula infantil y un biberón vacío. En el centro de la estancia, Marina, una joven empleada doméstica de unos 22 años vestida con su uniforme beige y delantal blanco, sostenía con ternura a su bebé Sofía en brazos. Con el cabello ligeramente despeinado y lágrimas rodando por sus mejillas, pegó el teléfono a su oído, ahogando un sollozo.
—Mamá… ¿podrías prestarme 28 euros hasta que cobre? Es para la leche de Sofía, esta noche ya no me queda suficiente. No te preocupes, te lo devolveré en cuanto me paguen —suplicaba Marina con la voz quebrada.
Al fondo de la entrada de la cocina, su empleador, un hombre de unos 35 años vestido con un elegante traje de tres piezas color crema sobre una camisa blanca desabotonada en el cuello, se detuvo en seco. Observó en silencio la escena: las lágrimas en el rostro de Marina, el llanto tenue de la pequeña envuelta en su manta rosa y la desesperación en las palabras de la joven.
(¿»En cuanto le paguen»? Eso no tiene sentido), pensó él, frunciendo el ceño mientras analizaba la situación. Él le pagaba un sueldo más que justo y a tiempo cada semana, por lo que no tenía ninguna lógica que Marina estuviera pasando necesidad para comprar algo tan básico como la fórmula de su hija.
Con la mirada seria y pensativa, el hombre metió la mano en el bolsillo de su saco, sacó su teléfono celular negro y comenzó a teclear de inmediato. Mientras Marina continuaba hablando de espaldas sin darse cuenta de su presencia, las manos del hombre escribían rápidamente el nombre de «Marina…» en la pantalla, redactando una orden ejecutiva para su equipo de seguridad: «Quiero su dirección, pero que Marina no se entere».
Mirando fijamente la pantalla mientras la figura de Marina y su bebé quedaban en segundo plano, el hombre comprendió que algo muy turbio estaba ocurriendo a espaldas de la joven, y estaba decidido a descubrir quién o qué le estaba quitando el dinero que le pertenecía a esa bebé.
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